10.3.05

El poema más breve de Juan Ramón

La semana pasada visité una tienda de las que venden y compran objetos usados. Son la versión moderna, aun bajo el paraguas de una marca registrada y de una franquicia, de los antiguos traperos y chamarileros. Compré un libro por un euro (!): Piedra y cielo, de Juan Ramón Jiménez, en una tercera edición, publicada en Buenos Aires en 1968.

Piedra y cielo

El papel es de mala calidad y el tiempo se ha puesto amarillo sobre él (que diría Miguel Hernández), pero la tipografía es muy legible y hermosa. Mereció la pena el euro que me costó el libro, aunque sólo fuera por el primer poema, que en su brevedad ocupa entera la primera página de texto:

I

EL POEMA

I

¡No le toques ya más,
que así es la rosa!


El Poema

Este es, quizá, el poema más corto y famoso de Juan Ramón, y uno de los más famosos de toda la poesía española. Desde luego su sentido último es críptico, pero parece sugerir un deseo de simplicidad y de brevedad, un anhelo de huir de toda afectación. Y ese ideal puede aplicarse a todo: tanto al estilo de vida como al estilo poético.

Siempre he estado convencido de que Juan Ramón se inspiró para su brevísimo poema en la Oda I 38 de Horacio. He aquí el texto latino:


Persicos odi, puer, apparatus,
displicent nexae philyra coronae;
mitte sectari, rosa quo locorum
sera moretur.

simplici myrto nihil allabores
sedulus, curo: neque te ministrum
dedecet myrtus neque me sub arta
uite bibentem.
Y aquí una traducción castellana, literal:


Muchacho: detesto el boato persa,
me desagradan las guirnaldas trenzadas sobre corteza de tilo;
deja de indagar dónde la rosa
crece, tardía.

Deseo que no te esfuerces, afanoso, por mejorar
el mirto: no cuadra mal contigo, esclavo,
el mirto, ni conmigo, mientras bebo
bajo la espesa fronda de la parra.
Y he aquí una imitación en inglés de William Cowper (1731-1800).


Boy, I hate their empty shows,
Persian garlands I detest,
Bring not me the late-bloom rose
Lingering after all the rest:

Plainer myrtle pleases me
Thus outstretched beneath my vine,
Myrtle more becoming thee,
Waiting with thy master's wine.
¿Y qué tienen en común el poemita de Juan Ramón y la Oda I 38 de Horacio? Pues tres elementos, al menos (mucho, si se considera la brevedad de ambos poemas):
  1. La mención de una rosa.
  2. La alocución yusiva a un interlocutor, en segunda persona.
  3. Y el ideal subyacente a ambos poemas: simplicidad. En el estilo de vida y en el estilo poético.

Simplicidad, qué hermosa palabra.

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5 Comments:

Blogger proctorul said...

muy, bien, yo no sé por qué no tienes lectores... a un momento, creo que sí sé...

a mí me gusta

16/3/06 07:44  
Blogger silmarillion said...

Esos libritos de Losada con su papel de horrible calidad eran los que utilizábamos en la escuela secundaria en las clases de Literatura :)
Por algún lugar de mi casa anda todavía Miguel Ángel Asturias en edición de Losada.

27/5/07 21:45  
Blogger Yoandy Cabrera said...

El sentido mistérico, iniciático y simbólico que la rosa tiene en Juan Ramón y en muchos poetas más de diferentes siglos se relaciona muchísimo con la lectura que se hace en el anacreontismo del helenístico tardío y del período bizantino de esa flor: una rosa incendiada, como la luz, que conserva los muertos e ilumina el tiempo.

7/7/10 16:19  
Blogger Un húsar llamado Poe said...

Desde mi punto de vista, la rosa en este poema equivale a algo artificial. Recordad que la rosa es una flor artificial, modificada y seleccionada para ornamentar hace muchos años ya. Por lo tanto la rosa hace referencia al propio poema o poemario. Y el uso del "le" para hacer referencia a la rosa es un recurso estilístico de personificación. En definitiva, lo único que esta diciendo es que el poemario (algo artificial como la rosa) ya está lo suficientemente revisado como para salir a la luz. Si no recuero mal Juan Ramón Jiménez era bastante meticuloso con sus textos y ediciones y tardaban bastante en ver la luz. Siempre desde mi humilde punto de vista, por supuesto.
Un saludo.

16/3/11 17:02  
Blogger Ricardo Botín said...

Como dice silmarillion, yo, en lugar de una tengo dos ediciones de 1968 de "El señor presidente" de Miguel Ángel Asturias. Lo leí en 1997, y ahora me han vuelto a entrar ganas de releerlo para sentir ese olor a polvo y humedad tan característico de los libros de viejo. Por cierto, pese a que no suelo leer poesía, siempre he pensado que este poema de Juan Ramón hacía referencia a la indescriptible belleza de una rosa, imposible de recrear con palabras, llena de espinas y de distintas facetas. Tal vez no todas nos gusten, pero siguen siendo bellas a pesar de sus defectos.
http://w-75.com

10/6/12 13:48  

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