12.9.05

La música que consuela

La música consuela de las penas, muy especialmente de las de amor. Quien canta, sus males espanta, nos recuerda el refranero popular español. Consuela componer música, ejecutarla y hasta simplemente escucharla. Un día, los neurobiólogos descubrirán, si no lo han hecho ya, que oír música incrementa la concentración de algún neurotransmisor del cerebro, como la serotonina o la dopamina, cuya presencia desciende catastróficamente cuando sufrimos de males de amor o estamos deprimidos.

Me ha recordado este motivo la lectura de un estupendo artículo de Mario Vargas Llosa, “El gusanillo de los libros”, en el diario El País de 21 de agosto de 2005, págs. 11-12. Este escritor nos recuerda el caso del compositor Gustav Mahler, que se consoló con la música de su infelicidad conyugal:

“[en] el verano de 1910, [...] Mahler, ya enfermo del corazón, devastado con el descubrimiento de que Alma, su mujer, lo engañaba con el arquitecto Walter Gropius, y luego de un viaje a Holanda para consultar a Sigmund Freud a fin de que lo aconsejara sobre cómo salvar su matrimonio, se las arregló para componer la Décima Sinfonía, en apenas un par de meses.”
Nihil novi sub sole ("nada nuevo bajo el sol"). El poeta latino Propercio nos cuenta en su poema 1.3 que, cuando hacía esperar a su amada Cintia, ésta se consolaba de la espera y de la angustia bordando y tañendo la lira. Son palabras puestas en boca de Cintia (vv. 37-46):

namque ubi longa meae consumpsti tempora noctis,
languidus exactis, ei mihi, sideribus?
o utinam talis perducas, improbe, noctes,
me miseram qualis semper habere iubes!
nam modo purpureo fallebam stamine somnum,
rursus et Orpheae carmine, fessa, lyrae;
interdum leviter mecum deserta querebar
externo longas saepe in amore moras:
dum me iucundis lassam Sopor impulit alis.
illa fuit lacrimis ultima cura meis.'

"Pues unas veces engañaba al sueño con el estambre,
y luego, agotada, con la tonada de la lira de Orfeo;
otras veces, abandonada, me quejaba quedo a solas
de tus frecuentes y largas ausencias en amoríos con otras:
hasta que el Sueño me empujó, agotada, con su gratas alas.
Esa fue la última preocupación de mi llanto."
Cintia habla de la lira de Orfeo. Precisamente este cantor mítico de Tracia tenía un poder mágico sobre la naturaleza: (con)movía las piedras, animaba árboles, amansaba fieras. Como el flautista de Hamelín, como Tamino (el protagonista de La flauta mágica). Orfeo perdió a su amada Eurídice, cuando ésta fue picada por una serpiente. Pero bajó al Hades a buscarla, y logró con la magia de su música conmover a la divinidades infernales para que le devolvieran a Eurídice a la vida. Pero los dioses del Averno le impusieron una condición: Orfeo no debía volverse a contemplar a Eurídice hasta que ambos no hubieran ascendido completamente del inframundo. Orfeo no fue capaz de cumplir esta condición, y perdió a su amada por segunda y definitiva vez. Virgilio cuenta toda la historia (en el libro IV de sus Geórgicas), y precisa que Orfeo se consolaba con la música cuando perdió a Eurídice por primera vez (vv. 464-466):

ipse caua solans aegrum testudine amorem
te, dulcis coniunx, te solo in litore secum,
te ueniente die, te decedente canebat.

"Él, consolando su desgraciado amor con el hueco caparazón,
te cantaba a ti, su dulce esposa, a ti a solas en la desierta ribera,
a ti al despuntar el día, a ti al ocaso."

12 Comments:

Blogger Vigi said...

Ya que citas a Gustav Mahler, que buena novela hizo Thommas Mann inspirada en su persona: Muerte en Venecia.
Pero me gusta más el filme de Visconti, y es precisamente por la música, es un prodigio caminar por las apestadas calles de Venecia con esa música de fondo.

Un saludo.

29/9/05 01:13  
Blogger Javier Álvarez said...

La duda es: ¿quién se inspira en Mahler?

a) T. Mann.
b) L. Visconti.
c) Ambos.
d) Ninguno de ellos.

Yo respondería: b.

29/9/05 12:33  
Blogger Vigi said...

Ambos, pero primero T. Mann, y luego Visconti

29/9/05 14:28  
Blogger Javier Álvarez said...

El protagonista de la novela de T. Mann, G. Aschenbach, es un escritor, no un músico. Sucede, no obstante, que Visconti creyó entender --por algún oscuro motivo-- que Mahler se escondía detrás del G. Aschenbach de T. Mann. Parece --y digo parece-- que L. Visconti quiso que el Aschenbach de su magnífica película recordase a Mahler. Huelga decir, por lo demás, que ni Mann ni Visconti establecen un vínculo explícito entre los protagonistas de sus respectivas obras y G. Mahler.

29/9/05 21:11  
Blogger Vigi said...

En ningún momento lo cita como escritor, sino como el profesor Aschenbach, por lo menos en la traducción de mi ejemplar de muerte en Venecia, de todas formas es verdad que no hay constancia documental, pero el gran personaje es Tadzio

29/9/05 23:18  
Blogger Vigi said...

Gabriel Laguna, creo que mi blog te puede interesar.

1/10/05 18:03  
Blogger Javier Álvarez said...

Tienes razón en lo de Tadzio.

1/10/05 20:40  
Blogger gustav7 said...

La relacion emocional y de conocimiento de Thomas Mann con la obra y la persona de Gustav Mahler,obsesiono al escritor al final de la vida de este.Tanto la pequeña novela "La Muerte en Venecia" como "Doctor Fausto" estan relacionadas musicalmente con Gustav Mahler.Si no era un compositor Von Ascenbach fue por respeto al recien fallecido Gustav y porque la experiencia hedonista no la tuvo nunca el compositor.El logro que tiene el film de Visconti es precisamente convertir al escritor en musico.Su edulcorada vision de la decadencia y su excesivo amaneramiento en el fin del interprete,no tiene nada que ver con las vivencias de Gustav Mahler ante la muerte.

28/9/06 13:28  
Blogger Heloisa said...

This comment has been removed by the author.

13/10/07 03:50  
Blogger Helena Andrade said...

Que la música nos consuela de las miserias cotidianas es indudable. Muchas veces había leído este post, compartiendo lo que en él afirmas, pero sólo hoy me ha venido a la mente un ejemplo musical que ilustra a la perfección lo que dices. Me refiero al lied de Schubert titulado “An die Musik”:

Du holde Kunst, in wieviel grauen Stunden,
Wo mich des Lebens wilder Kreis umstrickt,
Hast du mein Herz zu warmer Lieb entzunden,
Hast mich in eine bessre Welt entrückt!

Oft hat ein Seufzer, deiner Harf entflossen,
Ein süsser, heiliger Akkord von dir
Den Himmel bessrer Zeiten mir erschlossen,
Du holde Kunst, ich danke dir dafür!

¡Oh, arte benévolo, en cuántas horas sombrías,
cuando me atenaza el círculo tumultuoso de la vida,
has inflamado mi corazón con el calor del amor,
y me has conducido hacia un mundo mejor!

A menudo un suspiro salido de tu arpa;
un dulce y sagrado acorde tuyo,
me ha abierto el cielo de tiempos mejores.
¡Oh, arte benévolo, te doy las gracias por ello!

Yo lo conocía en la versión de Elisabeth Schwarzkopf (1915-2006), uno de cuyos CD escuchaba sin cesar durante mi adolescencia (a veces la etapa de la vida en que uno más solo o desesperanzado se siente). Gabriel, mucho ánimo con todo: con la vida, con el trabajo y con la música.

13/10/07 03:54  
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